C/Fernando el Católico, 12. 50313 - Aniñón (Zaragoza)

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Historia

Prehistoria y arqueología

Existe un enclave celtíbero a poca distancia de la población, en el llamado «Cerro de los Moros». Este poblado pudo estar habitado desde el siglo VII a.C. hasta el siglo I d.C., no existiendo signos de destrucción violenta, por lo que se ha deducido que pudo tener lugar una posible emigración a otro emplazamiento. El área del Ribota estuvo ocupada por el pueblo de los lusones hasta el siglo II a.C.

Edad Antigua y Media

No se conservan restos romanos en Aniñón, pero sí existe un notable ejemplo en la cercana Villarroya de la Sierra, donde se ha excavado un alfar de la época. Tampoco quedan vestigios de la dominación visigoda, pero se sabe que hacia el año 449 ya existía una sede episcopal en Tarazona. Ésta desapareció con la conquista árabe hacia el año 714.

Cuenta la tradición que Aniñón tomó parte a favor de Torralba en una batalla contra el rey árabe de Zaragoza Marsillo, en el año 912, quien quería conquistar dicha población. La batalla tuvo lugar en las faldas del la sierra de Armantes, en el barranco cercano a la Ermita de la Virgen de Cigüela.

En 1119, Alfonso I el Batallador restauró la sede episcopal al reconquistar Tarazona, recuperando la ciudad de Calatayud y su comunidad un año después. Sin embargo, al restaurarse la sede episcopal de Sigüenza en 1122, Calatayud pasó a formar parte de ella. El obispo de Tarazona disputó con el de Sigüenza por los límites de las diócesis, consiguiendo de nuevo la ciudad en 1136 tras el concilio de Burgos. Existe un documento con sello y fecha de 1262 que relata la visita a Aniñón del monarca Jaime I, y en la que le concede derechos sobre tierras de realengo.

Durante siglos, el río Ribota sirvió de frontera entre Aragón y Castilla, por lo que en los frecuentes enfrentamientos entre ambos reinos, Aniñón se vio muy involucrada. En la Guerra de los dos Pedros, acaecida a mediados del siglo XIV, Pedro IV el Ceremonioso ordenó evacuar la población en 1357 —posiblemente por carecer de castillo—, cayendo Aniñón en manos castellanas en 1362. Casi un siglo después —año 1452—, las hostilidades con Castilla pusieron a la localidad en estado de emergencia, siendo Aniñón el cuartel general del ejército aragonés. A consecuencia de las guerras se construyó alrededor de la iglesia un recinto amurallado, del que todavía quedan restos.

Edad Moderna y Contemporánea

En el siglo XIX y durante el trienio liberal, el territorio del antiguo reino de Aragón se dividió en cuatro provincias: Huesca, Zaragoza, Teruel y Calatayud (1822). Aniñón quedó englobada en esta última, hasta que dicha división fue revocada en 1823.

El historiador Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, refiere que Aniñón «tiene 417 casas, en lo general fabricadas de tapias de tierra alveadas con yeso por la parte esterior, las mejores son las de dos pisos, están distribuidas en ocho calles angostas, de piso desigual y mal empedradas, y varias plazas, entre las que es la mejor la llamada de la Constitución, que describe un cuadrilátero de 68 varas de largo por 14 de ancho». La localidad disponía de posada publica, dos hornos de pan cocer, un molino harinero, varias fábricas para la obtención de aguardiente, dos tiendas de paños y telas, y varias tiendas de abacería.

En 1929 se inauguró el ferrocarril Santander-Mediterráneo que atravesaba la comarca del Ribota y unía la localidad de Calatayud con Soria; la línea ferroviaria dejó de utilizarse en 1975. Durante la Guerra Civil, Aniñón permaneció en territorio de retaguardia y en este municipio descansaban y se abastecían los soldados del ejército “nacional”. En este contexto, una de las plazas del municipio está dedicada a Mosén Antonino Peiro, quien, según cuentan los viejos del lugar, evitó durante la contienda muchos fusilamientos.